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miércoles, 31 de enero de 2018

MIEDOS Y TEMORES









MIEDOS Y TEMORES





Nunca he vivido en un lugar donde los miedos y temores sean pan de cada día. Aquí en nuestro amado Perú si no te asaltan en la calle, lo hacen en tu domicilio, sino en tu escuela o camino a cualquier parte. Ya no hay un solo espacio donde formando nuestro nido personal o familiar no seamos víctimas de los malos peruanos que sonámbulos y en busca del dinero fácil, se enfrentan a la gente lanzados por la avaricia y la delincuencia pura.



“A Dios rogando y con el mazo dando”, es un dicho que se presta para calificar a empedernidos delincuentes que vienen cargando en el cuello cruces, o tatuajes en su cuerpo de santos, vírgenes y ángeles. Como si lo celestial no tuviera que ver con su moral y el respeto por los bienes y la vida ajena. Ya no sabemos si quienes nos asaltan son miembros de toda una familia, “batería” de un grupete amical, o miembros de la misma policía actuando a espaldas de su propio juramento.



Recuerdo que en los años 80’ empezamos a proteger nuestras viviendas con rejas. Fue el negocio de los años para los herreros y la dramática vida de los enrejados. Además, el terrorismo volaba torres, casas y edificios con una insanía tan impropia como la nostalgia mala. Así aprendimos a vivir entre rejas y solitarios. Hoy además que contamos con la inseguridad en nuestras puertas y ventanas, de nuestras joyas y artefactos, de nuestros guardados dineros, o de nuestro auto o mototaxi, también tenemos inseguridad en nuestra vida que simplemente puede volar en cualquier momento como un relámpago.



Sin duda la falta de oportunidades para todos por igual, nos conduce a esto. Hay quienes tienen demasiado y los que no tienen nada. Pero no se trata de dinero solamente, sino de los que no tienen oportunidades de estudio, trabajo, una vivienda digna con todos los servicios, etc.



Los delincuentes de uno y otro lado. Sí, porque los hay con terno y corbata, y los que andan casi sin zapatos. Los que tienen oportunidades de acceder a colegios y universidades privadas, y los millones que no pueden ni siquiera acceder a la escuela de su modesto barrio. Así y bajo este régimen estamos marcando mayor distancia y más delincuencia. El Perú no ha tenido hasta hoy un gobierno que unifique a los peruanos. Que todos tengamos lo suficiente para desarrollarnos y que la ostentación y derroche sea capítulo aparte o tema de privacidad de quien lo disfruta. Se avecina una incesante cascada de vientos huracanados de delincuencia, que como flechas atacarán a cada uno de nosotros si es que no mejoramos y cambiamos las cosas para bien de todos.



¿Qué hacer para que todo esto cambie en bien de la sociedad peruana?...¿Cómo evitar que cada día más niños y jóvenes se sumen a la delincuencia?...¿De qué manera evitamos que los miembros de la policía, los políticos y el poder judicial se enriquezcan actuando de manera incorrecta y a espaldas de la ley?...Son preguntas sin respuesta, que como un juego misterioso cada peruano debemos resolver.




domingo, 28 de enero de 2018

ASÍ FUE MI NIÑEZ






ASÍ FUE MI NIÑEZ





Alguien dijo: “Oscuramente fuerte es la vida”. Así debo haberlo presentido desde pequeño porque ejercí sobre mis sentimientos y mi cuerpo, una custodia poco usual en los niños. Como quien pasea por un mundo conflictivo, usé una sombrilla para que nada en mí fuera atropello, riesgo o aventura de la cual tal vez, me arrepentiría más tarde. 



Hay quienes gustan jugar con el peligro, el fuego, las aguas turbulentas, los deportes de patear, y tantas otras aventuras que llaman “deportivas”. Yo, no practiqué ni me interesé por ninguna de ellas. Salvo cuando fui adolescente y en la escuela secundaria integraba el equipo de tiro (Polígono Muñiz) y la carrera de 100 metros planos. Mi vida pasó más bien cautiva a la literatura, el canto, la danza, el buen cine, la meditación, la liturgia cristiana y los juegos de todos los niños: ping pong, trompo, run-run, las estatuas, lingo, chicote quemado, bolero, hula hula, bicicleta, patines, etc y alguna vez por allí en patotas de amigos para las “guerritas”.



Las palabras nunca me cansaron así que fui un proveedor de ellas en mi lenguaje cotidiano. Y sensible a la belleza aprendí desde temprano cuándo algo es bello y cuando no. Me gustó ser líder de las actividades que menciono, siempre era el primero y soñaba con las estrellas que un día bajarían para llevarme a un mundo infinito. Donde el sol envuelve con sus rayos el talento de las gentes y broncea la piel de sus más complacientes hijos.



Me gustó hablar a los tumultos, mirar al horizonte para adivinar cuál sería el mundo que tendría años más tarde. Miré el mar millones de veces y me envolvía imaginariamente en sus olas para purificar mis sentidos. Entonces aprendí a tenerle miedo al trueno, los rayos, y los cometas apresurados. Me gustaba la nieve para mirarla, pero no tocarla. Cantaba en el coro de mi parroquia y sentía que mis cuerdas vocales ganaban cada vez más brillo rindiendo culto a mi Dios de las alturas. En mi cama, me deslizaba entre las sábanas por temor al “Cuco”, y veía fantasmas en los rincones de la habitación, por encima de mis ojos. Entonces me arrodillaba y hurgaba tratando de encontrar la luz de un farol, vela o lámpara que me ayudara a descifrar y confirmar el paisaje hermoso que me regala hasta hoy la vida.



Nunca me acosté cansado, ni sintiéndome culpable de alguna travesura, ni odiando. Tampoco desmoronado por malas noticias en el entorno. Me liberé de nombres en mi memoria, para aprender otros y estrecharlos contra mi pecho, para dar a entender que cuando quiero lo siento de verdad.



Fui un niño a quien le dolió la nuca de la misma manera que me suele doler cada cierto tiempo hoy. Y me retorcía en la cama antes de levantarme, como buscando calentar mi cuerpo e ir acostumbrándolo al clima del momento. Viví en silencio y observando. No me escandalicé de nada, ni propicié lo terrible. Estuve al lado de mis amigos y mis hermanos. Amé profundamente a Aurora nuestra última hermana y la única mujercita de los siete hermanos.



Entonces llegó un día un aire misterioso que me hablaba místicamente y me movía para abrazar la fe religiosa. Preparé maletas y viajé a Arequipa. Era un adolescente y un privilegiado. Ahora empecé a ser seminarista de la Orden Franciscana y a visualizar devoción, entrega al prójimo, y auxiliar de los que han sido tocados por el dolor, el abandono, la enfermedad, y la pasión morbosa. El tiempo me hizo decidir mi futuro, y un día estaba de regreso en Lima para continuar la secundaria y aprender teatro. Atrás quedó el seminarista, pero se vino conmigo el aprendizaje de latín, griego, inglés, español y quechua. También quedaron mi rector, mis hermanos de religión, mis parientes arequipeños, los campos llenos de trigo y el sillar blanco de la ciudad. También quedaron la bienaventuranza de mi adolescencia, y el candor de una vida diferente, pero vida al fin sana y sabia.




Han pasado los años el mundo se ha convertido como una calle larga donde como disfrazados y  gritando sus virtudes, los humanos nos sentimos dueños de nuestra soberbia, la vanidad y el desprecio por los demás. Todavía me estoy preguntando ¿qué pasó con el hombre que conocí en mi niñez?, y ¿qué cambió en los hombres su comportamiento….?.





miércoles, 24 de enero de 2018

TIEMPOS DE INJUSTICIA




 TIEMPOS DE INJUSTICIA





Es posible que hasta hoy, el cielo esté lleno de la gente que queriéndola partieron a la Casa del Señor. Siempre hay una razón para partir, por suerte es el cuerpo el que flaquea, es el alma la que sostiene y soporta todo el peso de haber sido habitante de un planeta en crisis. Un lugar donde todo parece formar parte del pasado con predominio de muertes, asesinatos y expresiones que lindan en lo infrahumano.


Qué está pasando con la raza humana que por todos lados de occidente y de oriente, vemos actitudes desproporcionadas. No hay respeto a la vida, las ideologías están convulsionadas, el sexo predomina como cartel de atracción para la crisis permanente. Es una época de decadencia dentro de la cordura humana. Se ha perdido el naturalismo y el realismo para ingresar a la abstracción del sentir y pensar. El hombre no hace mención de su moral, sino alarde de sus desviaciones. Destacan sobre todo los crímenes entre esposos, padres a hijos, hijos a padres, choferes al volante, amantes objetivos, ánimos subjetivos.


El individuo ha pasado a ser una clase cuya existencia peligra por donde se mire. No hay manera de clasificar tanto horror, tanto desvío, tan diabólica actuación. La expresión temperamental de la gente nos introduce al mundo de horror que todos los noticieros en radio, televisión y prensa escrita, nos comentan con grandes titulares, y fotografías demasiado evidentes para aceptar lo trágico, lo dramático como algo natural.


Cómo cambió la vida de los años de mi niñez, a esta adultez que no sabe si permanecerá libre o tendrá que caóticamente asociar  muerte con vida, o vida con muerte.


Cómo se pasó de un respeto por la vida humana a un contrasentido sobre el vivir. Hay una extraña combinación de lo macabro, lo diabólico, lo  alucinógeno, y sensaciones e imágenes que conducen al individuo a no respetar vida ajena, ni propia. Así me da la sensación que Dios hizo al hombre a su imagen y semejanza, pero las fuerzas del mal vienen torciendo el verdadero camino de las virtudes teologales que debemos poner en práctica.


La psicología moderna, la psiquiatría, la medicina, han evolucionado para atrás en vez de prosperar. Es inevitable que la ciencia, la filosofía, la ética deben encontrar otros caminos donde el hombre regrese a ser el centro de la creación, en pleno uso de sus facultades mentales y el ejercicio de sus tareas espirituales.


Así puedo levantarme una mañana y sonreír aún con ausencia del sol de estos días. Así puedo cerrar los ojos y descansar cada noche cuando entrego la libertad de mi sueño al Dios en el que creo. Así la autosuficiencia volverá a funcionar en el espíritu de los hombres, y la sumisión a nuestros positivos modelos de comportamiento hará que los medios nos brinden una información, sana a la vez que cuerda e inteligente.


domingo, 21 de enero de 2018

SUEÑOS








SUEÑOS






Sometido al cansancio,

al borde de la cama agravado

controlo la máquina del tiempo

que desmoronar parece mi cuerpo…



Colapsando,

luchando conmigo mismo

practicando el arcaico ritual

de las ocho horas de sueño…



Muchas manos clavan mi piel

la sangre sale, corre, rompe la pulcritud,

moviliza vendajes en mi cerebro

Crea peligrosa crisis…



La mañana me espera

el sueño vence,

soy fácil presa de las sombras

carga el fatal destino…



Así, a la mañana siguiente

entre la epidemia del olvido reestructuro

el núcleo corporal

que en la noche he perdido…



Así, soy un terreno disminuido,

un desplazado hacia lo absurdo

un procesado de ir y morir desafiando

mi comunicación en la alcoba…



Así, desmasifico mi carne y acelerando mi cerebro

salto en pedazos sin entenderlo

para desafiar mis fragmentos cautivos…


 El cansancio que vuelve aumentado

al borde de la cama agravado.